Cuando las decisiones son escisionistas, es decir, queramos o no se infringe un daño al tomar un camino, porque hay que enfrentar el dolor y la pérdida, el daño es en dos sentidos es el que siente y sufre aquel que deja ir, y el que sufre el otro, que es a quien se deja ir, lo importante es dejar claro que a veces esa circunstancia es necesaria o inevitable, pues aunque la persona o situación a quien se deje partir, no haya decidido el cambio, no se deberia sentir el peso de la culpa, solo por no doblegarse al deseo no sartisfecho de permanencia del otro. Así que no podemos sentir como algo merecido TODO lo que re-active en el otro la posicón de ego-victimismo, pues esa es su posición. No debemos tomar esa posición de castigo en la que nos colocaríamos de asumir una culpa inexistente, de hacerle caso a ese ego-victimismo.
Así pues dejar ir ¿si o no? eso lo ha de valorar cada cual, pero desde la posición más calmada, más centrada, y sabiendo lo que el corazón y tu mejor guia que es cada uno de nostros mismos, si existe la seguridad que dejar ir es lo mejor para nosotros o para nuestros allegados, entonces cada cual, que tome la decisión más arriesgada o no es privilegio del libre albedrio de cada uno.
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